miércoles, 16 de diciembre de 2015

Cuando vives una realidad muy distinta a la existente por falta de conocimiento.

Hola que tal, seguramente lo que escribiré muchas mujeres lo viven, lo están pensando, o están soñando con que pase.

Para nuestra desgracia, por estadística, no todas encontramos lo que soñamos, lo que imaginamos ni lo que esperamos  en el matrimonio o la vida en pareja.

Yo  tengo 43 años, hace 23 años los padres aun  mantenían sometidos a los hijos bajo su autoridad, y creo que dentro de lo difícil que fuera para los jóvenes de esa época, nos vino a bien, el que los padres fueran autoritarios aunque hubo sus  casos extremos, creo que no había tanto joven rebelde y conteston como los hay ahora. El caso es que por este exceso de autoridad y castigo, las edades en que se casaban los chavos oscilaban entre los 18 y 20 años, era raro el joven que se casaba después de los veinte, esto hablando de los años 80s, porque entrando los 90s la edad para casarse empezó a verse mas inclinada a partir de los 20 y tantos; por las oportunidades de estudios y trabajo que comenzaron a surgir para las mujeres.

Yo como toda joven de esa época también mi padre era autoritario y represor, como muchos, pero además cuando llegaba borracho, descargaba todo su coraje, sobre mis hermanos mayores porque los encontraba en la calle o en la esquina platicando a las siete u ocho, esa hora para mi padre ya era tarde para que anduvieran en la calle, los chicos nos salvábamos porque por el miedo ni nos asomábamos después de las seis o seis y media ya estábamos en casa bañados y esperando a que llegara nuestro señor padre para quitarle los zapatos y darle sus chanclas. Llegada mi adolescencia, unos meses después de  cumplir los quince el novio de mi hermana me presento a un amigo suyo, se nos ocurrió que podría yo tratarlo a escondidas de mi padre, yendo al trabajo de mi hermana, por las tardes, porque yo estudiaba la carrera de comercio por la mañana, recuerdo que fue un martes, que sabíamos que nuestro padre llegaría tarde a la casa porque tendría sesión del sindicato, para nuestra mala suerte a la salida del trabajo de mi hermana de camino a la casa, ella con su novio y yo platicando con el amigo de este, nos topamos a nuestro padre en plena calle del centro. Mi hermana se puso amarilla, y mi papá hizo como que no nos vio, nosotras nos apuramos a tomar el carro de ruta y a despedirnos de los muchachos. Pero llegando a la casa ya sabíamos lo que nos esperaba.

Cuando llego mi padre lo primero que hizo fue quitarse el cinturón y golpear a mi hermana, la verdad no se cuanto tiempo duro el castigo, porque después le seguí yo, y no solo eso, mi padre se encerró conmigo en el cuarto y hablando bien enojado me dijo,_ " a ver usted, dígame, que quiere, novio? o estudio?, sino para sacarla de la escuela,"_ las siguientes palabras ni las escribo porque me avergüenza recordarlas, el caso es que desde ese día renuncie, a la ilusión de tener un novio en la adolescencia y me dedique a estudiar, pensando, "solo son dos años, ya después tendré tiempo para el noviazgo", así que complemente mi estudio con la recreación y el gusto que me daba salir a correr tempranito, porque ahí sacaba todas mis frustraciones, de permisos negados por parte de mi padre, pero jamas deje de soñar con casarme con un príncipe azul que fuera mas estudiado que yo, ha! y que no fuera del rumbo de la colonia donde vivía, para por fin lograr tener libertad y divertirme con la persona que eligiera para ser mi novio y esposo.

El caso es que terminé mis estudios de comercio, e inicie a trabajar a los 17 años, primero en una central eléctrica y después en un despacho contable en el que dure ocho años, durante ese tiempo, conocí a un muchacho que era contador, atractivo, alto, que me gustaba mucho, salimos un par de veces, aunque yo era muy muy tímida, mi falta de experiencia, me hacia ponerme muy nerviosa frente a él, pero cuando descubrí que tenia novia, y esta resulto ser conocida, preferí, alejarme, y a unos meses después él se caso, lo que me llevo a tomar la decisión de ocupar mi mente y decidí entrar a un gimnasio, para olvidar mi desilusión.

Pasado un tiempo, la hermana de una amiga, me invitó a ser madrina de su boda y acepte, a mis 19 años aun seguía soltera y sin novio, pero con la ilusión a flor de piel y creyendo que el mundo era color de rosa, sabia algunas cosas, pero otras las ignoraba por completo, mi madre, había perdido su oído y la comunicación con ella no era muy buena, pues ella entendía una cosa por otra y por la presión de sus labores y su incomodidad de llevar a cuestas una familia compuesta por los suyos, los de mi padre y los de los dos, que entre esos estaban mis tres hermanos y yo, pues la verdad no había con quien desahogar mis dudas y confidencias, lo peor era que mi madre, tenía cierta rivalidad con mis medias hermanas y sus celos no le permitían verme platicando con mi media hermana;  mi madre siempre celosa y pensando mal de ella, me ponía en un dilema, pues por un lado yo quería tener una confidente a quien platicarle mis cosas, pero por el otro debía obedecerla; mi madre no quería que yo me juntara mucho con mi hermana, en fin, entre esto y el otro, del amor y del noviazgo sabía relativamente poco; del embarazo todo, pero del aborto nada; pues a mis veinte años y en pleno siglo XIX no tenia idea del proceso de un aborto, más adelante sabrán hasta cuando lo supe.

Llegado el día de apadrinar la boda de la hermana de mi amiga, como toda soltera y con mi propio dinero me fui al salón de belleza, cuando termino de arreglarme la estilista como voz de profeta me dijo, _"esta noche, consigue novio"_, con pena sonreí, le agradecí el piropo y me marche apurada a mi casa para terminar de arreglarme y recoger a mi madre que me acompañaría a la iglesia y al festejo. Y esa noche tal como lo predijo la estilista, me presentaron al hombre que sin imaginar, sería el padre de mis tres hijos que tengo ahora.
Cuando el novio de la boda que apadriné me presento con su amigo, que según me llevaría a mi casa, porque estaba lloviendo, el susodicho muy caballeroso le solicito a mi madre su permiso para bailar conmigo; por supuesto bailamos y cuando termino la tanda de música, el señor, me tomo de la mano y no me soltó! yo inexperta y sorprendida deje que este me llevara de la mano a su mesa para despedirse;  tal parece que esa estilista que hasta ahora no he vuelto a ver, unió mi vida con este caballero ese día con sus palabras. Pareciera un cuento de novela pero esto solo era el inicio de toda una desventura que vendría después.


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